El grado de satisfacción de los ciudadanos europeos con el nivel de ruido

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Rumanía, Bucarest

La calidad de vida en las ciudades depende de diversos factores económicos, sociales, medioambientales. Así, se valoran aspectos como las dotaciones de infraestructuras y equipamientos, el empleo, la vivienda, la seguridad y el estado del medio ambiente. Entre los factores medioambientales, como la calidad del aire, el nivel de ruido urbano es también un aspecto básico y cada vez más valorado de la salud humana y el bienestar de una ciudad.

¿Están los habitantes de las ciudades europeas satisfechos con el nivel de ruido que soportan? ¿Se han logrado avances en este ámbito?

Centrándonos en las 28 ciudades capitales de la UE, los últimos Eurobarómetros permiten obtener conclusiones relevantes.

Así, en 2015 la urbe con mayor satisfacción con el nivel de ruido según sus ciudadanos es Dublín, donde el 82% de la población declara que está muy satisfecha o bastante satisfecha. A continuación les siguen las ciudades de Helsinki (81%), Luxemburgo (79%), Viena (78%), Estocolmo (77%), Riga (77%), Vilnus (76%) y Londres (75%).

Por el contrario, la ciudad donde los ciudadanos están más descontentos con el nivel de ruido que soportan es Bucarest, donde sólo el 31% de los residentes está muy satisfecho o bastante satisfecho.

Le siguen las urbes de Sofía (36%), Atenas (43%), Madrid, Roma y La Valeta (las tres 45%) y Varsovia (46%). En todas ellas menos de la mitad de sus habitantes está muy satisfecho o bastante satisfecho con el nivel de ruido o, lo que es lo mismo, más de la mitad está bastante insatisfecho o no del todo satisfecho.

Analizando el periodo 2012-2015, de las 28 ciudades capitales de la UE, 17 han mejorado en la percepción del nivel de ruido urbano, 8 han empeorado y 3 se han mantenido, según las respuestas aportadas por sus ciudadanos.

Respecto a las ciudades donde sus habitantes perciben que ha mejorado más el nivel ruido entre 2012 y 2015 se sitúan en las primeras posiciones Madrid, Tallin y Viena.

En el otro extremo durante los últimos años ha disminuido con mayor intensidad la satisfacción con el nivel de ruido urbano en las ciudades de La Valeta y Sofía.

Finalmente, se mantiene entre 2012 y 2015 la misma percepción del nivel de ruido en las ciudades de Varsovia, París y Ámsterdam.

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Para más información:

Eurostat: Eurobarómetros, 2012 y 2015.

Los compromisos medioambientales de la Nueva Agenda Urbana (Hábitat III)

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Ciudad de Quito, Ecuador

En octubre de 2016 se celebró en Quito (Ecuador) la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III). Tras las Conferencias de Vancouver en 1976 (Hábitat I) y Estambul en 1996 (Hábitat II), en Quito (2016) la comunidad internacional proyecta una Nueva Agenda Urbana de alcance mundial para los próximos años.  Con ella se pretende revitalizar el compromiso en favor de la vivienda y el desarrollo urbano sostenible.

En materia medioambiental, la Nueva Agenda Urbana establece como guía el siguiente principio:

“Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, promoviendo el uso de la energía no contaminante y el uso sostenible de la tierra y los recursos en el desarrollo urbano; protegiendo los ecosistemas y la diversidad biológica, entre otras cosas alentando la adopción de estilos de vida saludables en armonía con la naturaleza; alentando modalidades de consumo y producción sostenibles; fortaleciendo la resiliencia urbana; reduciendo los riesgos de desastre; y mitigando el cambio climático y poniendo en práctica medidas de adaptación a este”.

Entre los compromisos medioambientales recogidos en la Nueva Agenda Urbana destacamos los siguientes:

  • Facilitar la ordenación sostenible de los recursos naturales en las ciudades y los asentamientos humanos.
  • Adoptar un enfoque sobre ciudades inteligentes en el que se aprovechen energías y tecnologías no contaminantes.
  • Incrementar la resiliencia de las ciudades frente al cambio climático y los desastres (inundaciones, sequías…).
  • Mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición, la salud física y mental y la calidad del aire en los hogares y el ambiente.
  • Reducir el ruido y promover ciudades y paisajes urbanos que sean atractivos y habitables.
  • Priorizar la conservación de especies endémicas.
  • Prestar especial atención a las zonas urbanas donde existen deltas fluviales, costas y otras áreas especialmente vulnerables desde el punto de vista ambiental.
  • Preservar y promover la función social y ecológica de las tierras, incluidas las zonas costeras que dan apoyo a las ciudades.
  • Fomentar soluciones que garanticen pautas de consumo y producción sostenibles.
  • Mantener unas densidades y una compacidad urbanas adecuadas para prevenir y contener el crecimiento incontrolado.
  • Promover el uso sostenible de la tierra y prevenir la pérdida de tierras productivas y ecosistemas frágiles e importantes.
  • Apoyar la prestación local de bienes y servicios básicos y aprovechar la proximidad de los recursos (energía, agua, alimentos y materiales).
  • Favorecer la gestión sostenible de los recursos (tierra, agua dulce, océanos, energía, materiales, bosques, alimentos).
  • Fomentar la reducción al mínimo de los residuos y contaminantes y luchar por lograr una transición hacia una economía circular.
  • Aplicar procesos de planificación urbana y territorial y prácticas de gestión y planificación integradas de los recursos hídricos, teniendo en cuenta la continuidad entre las zonas urbanas y las rurales.
  • Promover la conservación y la utilización sostenible del agua.
  • Favorecer la gestión racional de los desechos, mediante su reducción, reutilización y reciclaje, así como la reducción de la contaminación marina.
  • Alentar modos de construcción sostenibles, edificios eficaces desde el punto de vista energético y fuentes de energía renovables.
  • Fortalecer la resiliencia de las ciudades y los asentamientos humanos, mediante la adopción y aplicación de políticas y planes integrados, con un enfoque holístico.
  • Promover el desarrollo de infraestructuras resilientes y eficientes en el uso de los recursos.
  • Reducir los riesgos y los efectos de los desastres, mediante la rehabilitación y la mejora de los barrios marginales y asentamientos informales.
  • Promover la acción por el clima, incluida la adaptación al cambio climático y la mitigación de sus efectos.

La Nueva Agenda Urbana tendrá un seguimiento y examen periódicos. Para ello se realizará un informe cada cuatro años en el que se recoja un análisis cualitativo y cuantitativo de los progresos alcanzados así como de las dificultades encontradas durante su ejecución. Asimismo, dicho proceso de seguimiento y evaluación deberá tener vínculos efectivos con el de la Agenda 2030 para el Desarrollo sostenible, a fin de asegurar la coordinación y coherencia  en su aplicación.

Para leer másHábitat III

Una cita con el desarrollo sostenible en la obra literaria de José Luis Sampedro

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El escritor y economista José Luis Sampedro (1917-2013) se vale de su talento literario para plasmar por medio de los personajes de la novela “La senda del drago” su preocupación por el devenir del planeta y nuestra civilización occidental.

En el escenario de un restaurante del norte de la isla de Tenerife, Martín, el protagonista de la novela, se encuentra acompañado de Runa, Kolhass y Osuna. Mientras cenan, los cuatro amigos conversan de forma distendida sobre temas globales de actualidad.

“-En cuanto al tema ecológico -interviene Runa- ya son de dominio público desastres como el agotamiento de productos naturales, el grave superconsumo de energía fósil, la contaminación del aire y el agua sobre todo y otros problemas permanentes en la prensa pero no en la actuación política y ciudadana. Una de las amenazas más graves es la deforestación, porque el hombre ha destruido ya la mitad de los bosques del planeta y sigue destruyendo, con daños para el clima y para la vida. La especie humana es la única viviente que consume más energía de la que necesita para su subsistencia y reproducción. El sociobiólogo Edward Wilson afirma haberse estimado que para dar a todos los habitantes del mundo el mismo nivel de consumismo de los estadounidenses se necesitarían cuatro planetas más como la Tierra.

-De modo que el cacareado desarrollo sostenible es, en realidad, insostenible.

-¡Vaya un panorama! -exclamo rompiendo el silencio-. No es fácil elegir.”

Para leer más:

José Luis Sampedro (2006): La senda del drago.

La idea de progreso de John Stuart Mill

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El economista y filósofo británico John Stuart Mill (1806-1873) contribuyó de forma valiosa al debate sobre progreso, crecimiento económico y distribución de la riqueza, fundamentalmente con su obra Principios de economía política: con algunas aplicaciones a la filosofía social (1848).

John Stuart Mill, en su afán de definir el concepto de riqueza, vino a expresar que:

“todo el mundo sabe que una cosa es ser rico y otra ser instruido, valiente o humanitario; que las cuestiones, sobre cómo se hace rica una nación, y cómo se hace libre, o virtuosa, o eminente en la literatura, en las bellas artes, en las armas, o en la política tienen una significación distinta”.

Era consciente de las dificultades que entraña una definición exacta de riqueza. De hecho, el significado de la palabra riqueza -escribe Mill- puede ser diferente según se aplique a los bienes de un particular, a los de una nación o a los de la humanidad. A los efectos prácticos de su tratado de Economía Política definió la riqueza como:

“todas las cosas útiles o agradables que poseen valor de cambio; o, en otros términos, todas las cosas útiles o agradables excepto aquellas que pueden obtenerse, en la cantidad deseada, sin trabajo o sacrificio alguno”.

Por tanto, su concepto de riqueza lo limita a la riqueza material, de tal forma que los servicios, que sólo existen mientras se prestan y que no son acumulables, no son considerados como riqueza.

En su investigación sobre las causas de la generación de riqueza, esto es, sobre los factores necesarios para el crecimiento económico, Mill escribe que:

“los requisitos de la producción son dos: trabajo y objetos naturales apropiados”.

Para este gran pensador el capital no es más que la provisión acumulada de productos del trabajo anterior. El grado de productividad de una sociedad viene a depender de las ventajas naturales (fertilidad del suelo, el clima, los productos minerales), de las cualidades, habilidades y conocimientos de los individuos, así como de factores secundarios como la seguridad y protección del gobierno.

Mill, como pensador liberal, defendió el principio de competencia:

“En lugar de considerar la competencia como el principio antisocial y pernicioso (…) creo que, incluso en el estado actual de la sociedad y de la industria, toda restricción que se intente de la misma es un mal…”.

Al mismo tiempo, y a diferencia de la corriente principal de la escuela clásica, Mill afirmaba que el estado estacionario no ha de ser necesariamente una situación indeseable, por lo  que habría que relativizar el objetivo del crecimiento continuado de la producción. En su opinión el estado progresivo conlleva diversos efectos sociales indeseables:

“Confieso que no me agrada el ideal de vida que defienden aquellos que creen que el estado normal de los seres humanos es una lucha incesante por avanzar; y que el pisotear, empujar, dar codazos y pisarle los talones al que va delante, que son característicos del tipo actual de vida social, constituyen el género de vida más deseable para la especie humana; para mí no son otra cosa que síntomas desagradables de una de las fases del progreso industrial”.

Asimismo, Mill ya era consciente de que el “crecimiento ilimitado de la riqueza y de la población” puede conllevar serios riesgos para el medio ambiente y el bienestar humano:

“Ni produce tampoco mucha satisfacción contemplar un mundo en el que no queda nada de la actividad espontánea de la naturaleza; en el que se ha puesto en cultivo hasta el más minúsculo pedazo de terreno que es susceptible de dar alimentos para seres humanos; en el que han desaparecido los pastizales floridos devorados por el arado; se ha exterminado, como rivales que disputan los alimentos, a los cuadrúpedos y los pájaros; los setos y los árboles superfluos arrancados de raíz, y en el que casi no queda sitio donde pueda crecer una flor o un arbusto silvestre sin que se les destruya como una mala hierba en nombre del adelanto agrícola”.

Respecto a la distribución de la riqueza, Mill apuntó que depende de las leyes y costumbres de la sociedad:

“las reglas que la determinan son el resultado de las opiniones y sentimientos de la parte gobernante de la comunidad, y varían mucho según las épocas y los países…”.

En todo caso lo que habría que estudiar, según Mill, no son las causas, sino las consecuencias de las reglas según las cuales se distribuye la riqueza en una sociedad.

Este economista se mostró partidario de dedicar más esfuerzos a mejorar la distribución en lugar de procurar a toda costa el aumento de la producción. Como expresó, en otro de sus párrafos de la renombrada obra, refiriéndose a la producción y la acumulación:

“en sí mismas son de bien poca importancia, mientras que el aumento de la población o cualquiera otra causa impida que el pueblo recoja una parte de la ganancia que producen”.

Para leer más:

John Stuart Mill (1848): Principios de Economía Política: con algunas de sus aplicaciones a la filosofía social.

La fiscalidad ambiental en la UE

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La fiscalidad ambiental constituye un instrumento de política pública cuya utilidad viene justificada por sus implicaciones positivas tanto sobre la calidad del medio ambiente como sobre la eficiencia de la economía.

Dicho instrumento fiscal conlleva la recaudación derivada de la aplicación de un conjunto de impuestos ambientales en un territorio determinado, país o región. A los impuestos ambientales se los suele definir como aquellos impuestos cuya base imponible consiste en una unidad física (o similar) de algún material que tiene un impacto negativo, comprobado y específico, sobre el medio ambiente (SEEA 2012, UN et.al., 2012).

La fiscalidad verde viene, por tanto, a gravar principalmente las siguientes categorías ambientales: emisiones al aire, sustancias que reducen la capa de ozono, efluentes al agua, fuentes difusas de polución al agua, gestión de residuos, ruido, productos energéticos (gasolinas, carbón, gas, fuels, electricidad…), transporte y recursos  naturales (agua, bosques…).

Son diversas las ventajas que puede ofrecer una adecuada aplicación de la fiscalidad verde. Entre otras, podemos señalar las siguientes: a) favorece la eficiencia energética y el uso de las energías limpias (al gravar las energías fósiles), b) contribuye a un mayor empleo del transporte sostenible, c) fomenta la producción y el consumo de productos más respetuosos con el medio ambiente, d) reduce los impactos de la contaminación y los residuos sobre los ecosistemas, e) desincentiva el consumo de recursos naturales no renovables y f) refuerza la lucha contra el cambio climático.

Estos impuestos permiten que se aplique el principio de “quien contamina, paga”, al internalizarse las externalidades negativas, es decir, al incorporarse al precio de los bienes los costes medioambientales que supone su producción/consumo. Se conforman, por tanto, como un incentivo para que productores y consumidores modifiquen su comportamiento, de modo que sea más respetuoso con el medio ambiente.

Organismos como la OCDE y la Comisión Europea se han manifestado partidarios de este instrumento económico y medioambiental recomendando su implantación. Así, en el marco de la Unión Europea, el Sexto Programa comunitario de acción en materia de Medio Ambiente (2002) recomendaba el empleo de impuestos sobre los recursos y sobre productos y procesos intensivos en residuos, con el fin de mitigar el cambio climático y fomentar una producción y consumo sostenibles.

Igualmente, la Estrategia Europa 2020 de la Comisión Europea aboga por una mayor aplicación de la fiscalidad verde:

“Los Estados miembros deberían más bien intentar desplazar la presión fiscal desde el trabajo a los impuestos sobre la energía y medioambientales como parte de un movimiento hacia unos regímenes fiscales verdes“.

En las dos últimas décadas se ha producido una tendencia general de aumento en el número y tipos de impuestos que gravan diferentes categorías del medio ambiente y la energía. Pero ¿cómo se ha comportado su recaudación? ¿Cómo ha evolucionado en el conjunto de la UE y por países la participación de los ingresos de los tributos ambientales respecto a la evolución que han seguido la recaudación total y la actividad económica?

Según Eurostat, en la UE-28 se recaudó en 2014 un total de 343.726 millones de euros en concepto de impuestos ambientales. De este total la mayor parte (el 76%) fueron ingresos por impuestos sobre la energía. Les siguen, a distancia, los impuestos sobre el transporte (20%) y sobre la contaminación y los recursos (4%).

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En términos relativos, los impuestos ambientales suponen el 6,35% de la recaudación total de la UE-28 en 2014. Asimismo, la presión fiscal ambiental, esto es, la ratio de recaudación por impuestos ambientales sobre el Producto Interior Bruto (PIB), asciende al 2,46%.

Desde una aproximación temporal, se comprueba cómo, a pesar de haber aumentado el número de impuestos ambientales, la presión fiscal ambiental se ha reducido durante el periodo 2004-2014, disminuyendo desde el 2,56% hasta el 2,46% en el último año. Ello significa, por tanto, que en dicho periodo la recaudación por impuestos ambientales ha evolucionado a un menor ritmo que lo ha hecho la actividad económica. No obstante, hay que diferenciar dos etapas: una primera (2004-2008), previa a la crisis económica, en la que dicha ratio ha descendido desde el 2,56% al 2,29%, y una segunda en la que se ha incrementado gradualmente año a año, si bien hasta un 2,46% que sigue siendo inferior al valor registrado en 2004.

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Finalmente, en un análisis por países son destacables las diferencias que se detectan dentro de la UE-28. Dinamarca es el país con el mayor porcentaje de recaudación por impuestos ambientales sobre el PIB (4,08% en 2014). Le siguen en importancia Eslovenia (3,89%), Croacia (3,86%), Grecia (3,68%), Italia (3,59%) y Países Bajos (3,36%).

Por el contrario, el país con menor presión fiscal ambiental es Lituania (1,70%), seguido de Eslovaquia (1,79%), España (1,85%), Luxemburgo (1,99%) y Alemania (2,oo%).

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Durante el periodo 2004-2014 la presión fiscal ambiental ha disminuido en la mayoría de los Estados miembros (18 de 28), permaneciendo igual en cuatro y aumentando en seis. El mayor avance se ha registrado en Grecia (+1,6  p.p) y el mayor retroceso en Lituania y Luxemburgo (-1,0 p.p., ambos).

Para más información: 

Eurostat

Una cita sobre riqueza y naturaleza en la obra de Confucio

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Templo de Confucio. Suzhou, China

El filósofo y pensador chino Confucio (551-479 a.C.) se inspira en la naturaleza para expresar su idea de riqueza y felicidad con estas palabras:

“Quien busca alimentos crudos para comer, agua para beber y un brazo doblado como almohada encontrará felicidad sin buscarla. Cualquier idea de aceptar la riqueza y la posición por medios que están equivocados resulta tan lejana para mí como las nubes que se desplazan en el cielo”.

 

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Confucio. Suzhou, China

Para leer más:

Confucio: Analectas.

La Declaración de Estocolmo de 1972

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Toda revisión histórica de la idea de “desarrollo sostenible” ha de remontarse al menos al año 1972. En 2017 se cumplen 45 años de un acontecimiento histórico de carácter mundial.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, celebrada en Estocolmo en 1972, constituye posiblemente el primer gran paso a nivel internacional en el reconocimiento de la importancia del medio ambiente en el desarrollo. La Declaración de Estocolmo resultante de dicha Conferencia, aprobada el 16 de junio de ese año, contiene 26 principios y un Plan de acción con 109 recomendaciones, y pretende servir de guía a los pueblos del mundo para preservar y mejorar el medio humano.

La Declaración de Estocolmo proclama desde sus primeras líneas que “el hombre es a la vez obra y artífice del medio que lo rodea, el cual le da el sustento material y le brinda la oportunidad de desarrollarse intelectual, moral, social y espiritualmente”. El bienestar del hombre descansa en dos aspectos del medio humano que son esenciales, el natural y el artificial.

Al mismo tiempo manifiesta que la evolución de la humanidad y de la ciencia y la tecnología han ido paralelas a una transformación “en una escala sin precedentes” del planeta Tierra. Por ambas razones la protección del medio ambiente es no sólo un “deseo urgente de los pueblos de todo el mundo” sino también “un deber de todos los gobiernos”.

Entre los 26 principios de la Declaración de Estocolmo destacamos por su relación más directa con el medio ambiente y el desarrollo los siguientes:

Planificar los recursos naturales para las generaciones presentes y futuras:

“Los recursos naturales de la Tierra, incluidos el aire, el agua, la tierra, la flora y la fauna, y especialmente muestras representativas de los ecosistemas naturales, deben preservarse en beneficio de las generaciones presentes y futuras mediante una cuidadosa planificación u ordenación, según convenga” (Principio 2).

Sostenibilidad ambiental:

“Debe mantenerse y, siempre que sea posible, restaurarse o mejorarse la capacidad de la Tierra para producir recursos vitales renovables” (Principio 3).

Desarrollo económico y conservación:

“El hombre tiene la responsabilidad especial de preservar y administrar juiciosamente el patrimonio de la flora y fauna silvestres y su hábitat, que se encuentran actualmente en grave peligro por una combinación de factores adversos. En consecuencia, al planificar el desarrollo económico debe atribuirse importancia a la conservación de la naturaleza, incluidas la flora y la fauna silvestres” (Principio 4).

Preservar los recursos no renovables:

“Los recursos no renovables de la Tierra deben emplearse de forma que se evite el peligro de su futuro agotamiento y se asegure que toda la humanidad comparte los beneficios de tal empleo” (Principio 5).

Planificación integral del desarrollo:

“A fin de lograr una más racional ordenación de los recursos y mejorar así las condiciones ambientales, los Estados deberían adoptar un enfoque integrado y coordinado de la planificación de su desarrollo de modo que quede asegurada la compatibilidad del desarrollo con la necesidad de proteger y mejorar el medio humano en beneficio de su población” (Principio 13).

La planificación como instrumentos indispensables:

“La planificación racional constituye un instrumento indispensable para conciliar las diferencias que puedan surgir entre las exigencias del desarrollo y la necesidad de proteger y mejorar el medio” (Principio 14).

Asimismo, la Conferencia sobre el Medio Humano de 1972 permitió el nacimiento en ese mismo año del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que vendrá a ser la institución medioambiental de la ONU hasta nuestros días.

Para más información:

Programa de las Naciones Unidades para el Medio Ambiente