El valor del paisaje y su protección

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Parque Nacional Picos de Europa (España)

Si existe un patrimonio para el que es necesario no confundir valor y precio, ese es el paisaje.

Los países de Europa cuentan con un documento clave que, reconociendo el valor del paisaje, propone unas directrices básicas para su protección por parte de los Estados. Se trata del Convenio Europeo del Paisaje, hecho en Florencia el 20 de octubre de 2000.

Como punto de partida el citado Convenio establece en su artículo 1º la siguiente definición de paisaje:

«Cualquier parte del territorio tal como la percibe la población, cuyo carácter sea el resultado de la acción y la interacción del factores naturales y/o humanos».

Esta definición nos lleva a interpretar que el paisaje constituye un sustrato natural (geológico y biótico) que está expuesto a la acción del hombre. Al mismo tiempo, el paisaje toma una base tangible pero también otra intangible o subjetiva que depende de la percepción que tengamos de él.

Desde su Preámbulo en el Convenio Europeo del Paisaje se expresa claramente que el paisaje presenta unas especiales características, un valor intrínseco, que es necesario salvaguardar.

El paisaje se convierte en un patrimonio natural y cultural que contribuye a forjar la propia identidad de un pueblo.

Desempeña un papel importante de interés general en los campos cultural, ecológico, medioambiental y social, además de constituir un recurso que propicia la actividad económica y la creación de empleo.

Asimismo, el paisaje es un elemento importante para la calidad de vida de las poblaciones de todos los tipos de áreas: urbanas, rurales, degradadas, de gran calidad, de belleza excepcional y las más cotidianas. El paisaje contribuye, por tanto, al bienestar tanto individual como colectivo.

Por estas razones, y en aras de procurar un modelo de desarrollo sostenible que conjugue una relación equilibrada entre las necesidades sociales, económicas y medioambientales, se hace necesaria la salvaguarda de la calidad y diversidad de los paisajes europeos. Porque es ya una hecho constatado que los paisajes de Europa están experimentando transformaciones, en muchos casos aceleradas, como consecuencia de la evolución que están tomando las modernas técnicas de producción (agrícola, forestal, industrial…), el transporte, las infraestructuras, el turismo, y los cambios de la economía mundial, en general.

Como se recoge en su artículo 3º el objetivo principal del Convenio Europeo del Paisaje es:

«promover la protección, gestión y ordenación de los paisajes, así como organizar la cooperación europea en ese campo».

Se persigue, por tanto, no sólo reconocer el valor del paisaje sino emprender acciones para conservar y mantener sus aspectos más significativos, garantizar su mantenimiento, regularlo desde una perspectiva de desarrollo sostenible y mejorar, restaurar o crear aquellos paisajes que se requieran.

Más concretamente, en el capítulo II del Convenio, se establecen las medidas generales y específicas que han de aplicar los Estados europeos que suscriban el Convenio para la protección, gestión y ordenación de sus paisajes.

Las medidas generales (art. 5º) son las siguientes:

«a) reconocer jurídicamente los paisajes como elemento fundamental del entorno humano, expresión de la diversidad de su patrimonio común cultural y natural y como fundamento de su identidad;

b) definir y aplicar en materia de paisajes políticas destinadas a la protección, gestión y ordenación del paisaje mediante la adopción de las medidas contempladas en el artículo 6;

c) establecer procedimientos para la participación del público, las autoridades locales y regionales y otras partes interesadas en la formulación y aplicación de las políticas en materia de paisaje mencionadas en la anterior letra b);

d) integrar el paisaje en las políticas de ordenación territorial y urbanística y en sus políticas en materia cultural, medioambiental, agrícola, social y económica, así como en cualesquiera otras políticas que puedan tener un impacto directo o indirecto sobre el paisaje».

Las medidas específicas (art. 6) pueden agruparse en cinco áreas:

A) Sensibilización.

«…incrementar la sensibilización de la sociedad civil, las organizaciones privadas y las autoridades públicas respecto al valor de los paisajes, su papel y su transformación».

B) Formación y educación:

«a) formación de especialistas en la valoración de los paisajes e intervención en los mismos;

b) programas pluridisciplinares de formación en política, protección, gestión y ordenación de paisajes con destino a los profesionales de los sectores privado y público y a las asociaciones interesadas;

c) cursos escolares y universitarios que, en las disciplinas correspondientes, aborden los valores relacionados con los paisajes y las cuestiones relativas a su protección, gestión y ordenación».

C) Identificación y calificación:

-identificar los paisajes en todo el territorio.

-analizar sus características y las fuerzas y presiones que los transforman.

-tomar nota de las transformaciones.

-calificar los paisajes así definidos, teniendo en cuenta sus valores particulares.

D) Objetivos de calidad paisajística:

«…definir los objetivos de calidad paisajística para los paisajes identificados y calificados, previa consulta al público…»

E) Aplicación:

«…establecer instrumentos de intervención destinados a la protección, gestión y/u ordenación del paisaje».

 

Para más información:

Convenio Europeo del Paisaje, hecho en Florencia el 20 de octubre de 2000.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

K. William Kapp y los costes ambientales de la economía abierta

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En 1976 el economista de origen alemán Karl William Kapp (1910-1976), uno de los inspiradores de la denominada ecología política, escribió el artículo The Open System Character of the Economy and its implications. En él defendió que todo sistema económico hay que entenderlo con su carácter abierto. Esto significa que no es aceptable concebir la producción y el consumo aisladamente del sistema ecológico. Lo contrario, considerar que la economía es un sistema cerrado independiente de otros sistemas, como el ecológico y el político e institucional, es perpetuar una equivocada percepción de la realidad, según Kapp.

Los sistemas económicos no son sistemas cerrados y autorregulados, sino sistemas abiertos que para su reproducción dependen de los recursos que extraen del medio físico, y en el que depositan residuos y contaminantes tras las actividades de producción, distribución y consumo.

En opinión de Kapp los costes sociales del crecimiento económico han estado largamente descuidados:

«La producción y el consumo ponen en movimiento procesos complejos que tienen graves consecuencias negativas sobre el medio ambiente físico y social y que ejercen un efecto inevitable en la distribución; estas interdependencias implican una forzosa transferencia de costes sociales «no pagados» que constituyen una redistribución secundaria del ingreso real primordial (pero no exclusivamente) para los miembros económicamente más débiles de la sociedad, así como también para las generaciones futuras».

A diferencia de los economistas neoclásicos, Kapp pensaba que el tratamiento de los costes medioambientales mediante una valoración monetaria es claramente insuficiente para corregir la medición del producto nacional. Dado que estamos ante sistemas económicos abiertos donde operan efectos acumulativos, es necesario volver a definir y formular los conceptos de costes y ganancias, así como los criterios de eficiencia y optimalidad económica.

Según Kapp debemos reconocer las limitaciones de la doctrina económica tradicional:

“…la crisis ambiental obliga a los economistas a reconocer las limitaciones de sus enfoques metodológicos y cognoscitivos, y a revisar los alcances de su ciencia. Los economistas clásicos –Adam Smith y sus sucesores- todavía podían pretender, con alguna justificación, que era posible entender los sistemas económicos como sistemas semicerrados porque, en su época, el aire, el agua, etc., eran, en cierto sentido, bienes ‘libres’ y porque estaban convencidos –equivocadamente- de que la acción racional –bajo condiciones competitivas- sólo tenía efectos sociales positivos. Esta creencia ha resultado ser una ilusión. Asirse a ella frente a la crisis ambiental solamente puede considerarse como un autoengaño y un fraude para los demás”.

Para leer más:

William Kapp: «El carácter de sistema abierto de la economía y sus implicaciones». Publicado en F. Aguilera y V. Alcántara (comp.): De la economía ambiental a la economía ecológica. Icaria, Barcelona, 1994.

[Publicado originalmente como K. William Kapp: «The Open System Character of the Economy and its implications» en Kurt Dopfer (ed.): Economics in the Future: Towards a New Paradigm, London, MacMillan, 1976].

 

Evaluando el cumplimiento de la estrategia Europa 2020

EUROPA,  5-13 nov. 2005. Brujas

En junio de 2010 el Consejo Europeo adoptó la estrategia Europa 2020, que vino a suceder a la estrategia de Lisboa. Con ella se establece el camino por el que la Unión Europea debe alcanzar unas metas cuantificables en materia de crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo para el año 2020.

En concreto la estrategia Europa 2020 establece las siguientes tres grandes prioridades:

  1. Crecimiento inteligente, a través del desarrollo de una economía basada en el conocimiento, investigación e innovación.
  2. Crecimiento sostenible, mediante de la promoción de mercados eficientes en recursos, verdes y competitivos.
  3. Crecimiento inclusivo, a través de políticas que fomenten la creación de empleo y la reducción de la pobreza.

Estas prioridades se plasman en objetivos clave circunscritos a cinco grandes áreas: empleo, investigación y desarrollo, cambio climático y energía, educación, y pobreza o exclusión social.

Para la evaluación del progreso de estos cinco capítulos temáticos se ha seleccionado un conjunto de indicadores, agrupados en nueve principales, que permiten evaluar cómo ha venido evolucionando el cumplimiento de la estrategia Europa 2020 desde el año base 2008 hasta la actualidad en cada uno de los Estados miembros y en la UE-28 en su conjunto.

La publicación «Smater, greener, more inclusive. Indicators to support the Europe 2020 strategy?» (edición de 2017) de Eurostat da a conocer cómo ha evolucionado el cumplimiento de dicha estrategia hasta la actualidad.

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Indicadores centrales de Europa 2020: valores objetivos y progreso desde 2008. Fuente: Eurostat

Las conclusiones más relevantes de dicho estudio se resumen en las siguientes:

-Se ha alcanzado un progreso significativo desde 2008 en materia de cambio climático y energía, reduciéndose las emisiones de gases de efecto invernadero y el consumo de energía y aumentado el uso de fuentes de energías renovables.

-Se ha producido una evolución positiva en el área de educación, que se refleja en el incremento de la tasa de educación superior y en la reducción del número de alumnos que abandonan la educación y la formación.

-Por el contrario, la UE permanece aún a una distancia considerable para alcanzar en 2020 sus objetivos de inversión en I+D, de empleo y de mitigación de la pobreza.

En cifras en la tabla siguiente se recoge la evolución que han seguido desde 2008 hasta 2016 (o 2015, dependiendo de la disponibilidad) los indicadores seleccionados para evaluar el cumplimiento de la estrategia Europa 2020, confrontados con los valores-objetivo.

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Para más información:

Eurostat:  «Smater, greener, more inclusive. Indicators to support the Europe 2020 strategy?» (edición de 2017)

 

 

Más allá de los limites del crecimiento

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En 1972 se publicó el célebre informe dirigido por Dennis L. Meadows, Los límites del crecimiento, que alertaba sobre el advenimiento del colapso medioambiental del planeta en el transcurso de 100 años, si se mantienen las tendencias actuales de crecimiento de la producción material y población mundiales.

Dos décadas después, la publicación Más allá de los límites del crecimiento (1992) de D. H. Meadows, D. L. Meadows y J. Randers, actualiza las conclusiones del informe de 1972, manteniendo vivo el gran reto del ser humano:

“Cómo lograr hacer una sociedad materialmente suficiente, socialmente equitativa y ecológicamente perdurable, más satisfactoria en términos humanos que la sociedad de nuestros días obsesionada por el crecimiento”.

El informe de 1992, elaborado por encargo del Club de Roma al igual que el de 1972, pone un mayor énfasis en que la tierra es finita y que el crecimiento de la población y la producción de mercancías no pueden continuar indefinidamente. El crecimiento se enfrenta a los límites físicos del planeta, límites como proveedor de flujos materiales y energía y límites como sumidero para absorber la contaminación y los residuos.

Se afirma que el sistema socioeconómico actual no es gestionable y que ha sobrepasado ya sus límites en muchos flujos de recursos y de contaminación, a pesar de las mejoras tecnológicas, las políticas medioambientales y la mayor sensibilización.

Para los autores de este informe es necesario, por tanto, cambiar las estructuras del sistema para hacerlo sostenible, poniendo más atención en la suficiencia, la equidad y la calidad de vida que en la cantidad de la producción.

Afirman que  “la forma actual de hacer las cosas es insostenible”. Además, “el futuro, para tener algún viso de viabilidad, debe empeñarse en retroceder, desacelerar, sanar.  No se puede poner fin a la pobreza por el desarrollo material indefinido; debe hacérsele frente mientras la economía material humana se contrae”.

Veinte años después, a la vista de los acontecimientos y del análisis de los datos globales recabados, el informe de Más allá de los límites del crecimiento deja establecidas las siguientes tres conclusiones:

1. La utilización humana de muchos recursos esenciales y la generación de muchos tipos de contaminantes han sobrepasado ya las tasas que son físicamente sostenibles. Sin reducciones significativas en los flujos de materiales y energía, habrá en las décadas venideras una incontrolada disminución per cápita de la producción de alimentos, el uso energético y la producción industrial.

2. Esta disminución no es inevitable. Para evitarla son necesarios dos cambios. El primero es una revisión global de las políticas y prácticas que perpetúan el crecimiento del consumo material y de la población. El segundo es un incremento rápido y drástico de la eficiencia con la cual se utilizan los materiales y las energías.

3. Una sociedad sostenible es aún técnica y económicamente posible. Podría ser mucho más deseable que una sociedad que intenta resolver sus problemas por la constante expansión. La transición hacia una sociedad sostenible requiere un cuidadoso equilibrio entre objetivos a largo y corto plazo, y un énfasis mayor en la suficiencia, equidad y calidad de vida, que en la cantidad de la producción. Exige más que la productividad y más que la tecnología; requiere también madurez, compasión y sabiduría.

Los autores de Más allá del crecimiento afirman que la transición hacia un mundo sostenible es posible técnica y económicamente. Pero para ello es necesario “dejar de golpear los límites de la tierra” y superar ciertas barreras, que nos hemos autoimpuesto y que son innecesarias, en instituciones humanas, estados mentales, creencias y éticas.

“Tanta esperanza, tantas identidades personales, tanta moderna cultura industrial, se han construido sobre la premisa del perpetuo crecimiento material”.

Para leer más:

D. H. Meadows, D. L. Meadows y J. Randers (1992): Más allá de los límites del crecimiento.

Economía y naturaleza: la nave espacial Tierra de K. E. Boulding

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Ha transcurrido más de medio siglo desde que el economista británico Kenneth Ewart Boulding (1910-1993) publicara sus primeros escritos en los que interrelacionaba economía y naturaleza.  En especial, su aportación más conocida, publicada en 1966, en la que comparó la economía de nuestro planeta con un sistema cerrado, que denominó de forma muy ilustrativa «nave espacial Tierra», marcó un sólido antecedente teórico de lo que hoy entendemos por desarrollo sostenible.

En su célebre artículo de  1966, «The Economics of the Coming Spaceship Earth», Kenneth E. Boulding antepone dos concepciones de la economía. La primera, que debiera pertenecer al pasado, concibe a la Tierra como un sistema abierto, derrochador y explotador, al que denomina «economía del cowboy«:

«En la economía del cowboy el consumo se considera algo positivo y la producción también; el éxito de la economía se mide por el rendimiento de los factores de producción, una parte de los cuales es extraída en diferentes proporciones de las reservas de materias primas y objetos no económicos, mientras otra parte son residuos que se añaden a los sumideros».

Bajo esta concepción de la economía se descuidan «con asombrosa falta de visión» problemas graves, en tanto que se sigue pensando y actuando «como si la producción, el consumo, los flujos de recursos-residuos, y el PNB fueran la medida adecuada y suficiente del éxito económico».

Frente a esta economía del cowboy, Boulding propone la economía cerrada del futuro, a la que denomina «economía del astronauta«:

«la Tierra se ha convertido en una única nave espacial, sin reservas ilimitadas de nada, debido a su extracción y a la contaminación, y en la que, por tanto, el hombre debe hallar su lugar en un sistema ecológico cíclico que sea capaz de una reproducción continua de formas materiales, aún cuando no pueda evitar la utilización de inputs de energía».

En esta nueva concepción de la economía el objetivo no es aumentar el rendimiento:

«La medida fundamental del éxito de una economía no es en absoluto el consumo y la producción, sino la naturaleza, cantidad, calidad y complejidad del stock total de capital, incluyendo en dicho stock el estado de los cuerpos y las mentes humanas que componen el sistema. En la economía del astronauta, lo que nos preocupa primordialmente es la conservación de ese stock, y cualquier cambio tecnológico que consiga la conservación de un stock total dado con un nivel de actividad menor (esto es, con menos producción y menos consumo) es claramente un adelanto».

Con la «economía del astronauta», lo esencial, por tanto, es conservar, hacer perdurable las bases sobre las que se sustenta la sociedad, entre las que se encuentra el patrimonio natural. Lo importante no es consumir, gastar, ese patrimonio natural, sino conservarlo, hacerlo perdurable, mantener su valor. Es necesario, pues, priorizar el stock frente al flujo, el patrimonio frente al gasto.

De ahí que Boulding nos pregunte: «¿Qué es, por ejemplo, lo importante: comer o estar bien alimentado?». A lo que el economista británico responde: «Me inclino a considerar como más importante el concepto de stock, es decir, a pensar que estar bien alimentado es más importante que comer».

Fue un economista, asimismo, preocupado por el medio ambiente y la equidad intergeneracional:

«Puede objetarse, desde luego, que porqué preocuparnos de todo esto cuando la economía del astronauta queda todavía lejana (por lo menos, más allá de la esperanza de vida de cualquiera de nosotros), así que comamos, bebamos, gastemos, explotemos y contaminemos, y seamos felices como podamos, y que la posteridad se ocupe de la nave espacial Tierra».

Para Boulding la preocupación por el porvenir de la humanidad es una cuestión incluso de identidad individual:

«La única respuesta a esto, en mi opinión, consiste en señalar que el bienestar del individuo depende de la medida en que pueda identificarse a sí mismo con los demás, y que la identidad individual más satisfactoria es la que hace al individuo sentirse parte de una comunidad no sólo espacial, sino también temporal, que se extiende desde el pasado hasta el futuro».

Y, sin embargo, los hechos muestran que en muchos aspectos ese futuro ya está aquí. Somos testigos ya de problemas de agotamiento de recursos naturales y de generación de residuos y contaminación de la atmósfera:

«En realidad, la sombra de la futura nave espacial ya está proyectándose sobre nuestros espléndidos derroches. Aunque parezca extraño, el problema se presenta de modo más preocupante por el lado de la contaminación que por el agotamiento de los recursos. Los Ángeles se ha quedado sin aire, el lago Erie se ha convertido en una letrina, los océanos se están llenando de plomo y DDT, y la atmósfera puede convertirse en el mayor problema para el hombre en la próxima generación, dada la tasa a la que la estamos contaminando (…); y no se puede contemplar con indiferencia el ritmo actual de contaminación de todos los sumideros naturales, ya sean a la atmósfera, los lagos, o incluso los océanos».

También es valiosa su clarividencia sobre el problema energético al que se enfrenta la sociedad:

«Los inmensos inputs de energía que hemos obtenido de los combustibles fósiles son estrictamente temporales. Hasta las previsiones más optimistas creen que la disponibilidad de combustibles fósiles fácilmente asequibles se agotará en cuestión de pocos siglos con las actuales tasas de consumo. Si el resto del mundo alcanzara los niveles americanos de consumo de energía, y sobre todo, si la población mundial continúa aumentando, el agotamiento de los combustibles fósiles será aún más rápido».

De igual forma, vio con claridad el gran potencial que presentan las energías renovables:

«Hasta ahora, ciertamente, no hemos adelantado mucho en la tecnología para usar  la energía solar actual, pero hay grandes probabilidades de avances futuros».

En definitiva, Kenneth E. Boulding concibió ya en 1966 la economía del planeta como un sistema cerrado. En su opinión la concepción de la economía abierta con recursos naturales ilimitados y abundantes -la denominada economía del cow-boy– ha de pertenecer al pasado. La realidad del sistema social mundial ha cambiado. La economía moderna posee unos recursos limitados, que hay que conservar, y unos espacios para la contaminación y los residuos, que son finitos.

Para leer más:

Kenneth E. Boulding (1966): «The Economics of the Coming Spaceship Earth».

En español: La economía de la futura nave espacial Tierra.

E. J. Mishan y los costes del desarrollo

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Shanghai, China

El economista británico Edward J. Mishan (1917-2014) afirmaba en 1969, con su obra «Growth: the price we pay», que existen serias dudas de que haya una relación positiva clara entre bienestar social y desarrollo económico. Para este autor, que no se identificaba con la escuela de pensamiento económico convencional, los economistas, por lo general, no se preguntan en voz alta si el desarrollo material en Occidente está aumentando globalmente la felicidad de la humanidad.

El «desbocado» mundo moderno en que vivimos ha evolucionado, con su rápido e implacable progreso técnico, generando unos costes sociales que se vuelven excesivos en muchos ámbitos.

Mientras, los ciudadanos nos encontramos continuamente distraídos por «las maravillas de la técnica», de modo que no tenemos «ninguna noción de la amplitud y gravedad de la situación».

Para Mishan el crecimiento económico tiene unos costes sociales -que llamó efectos de rebosamiento– que «se distinguen por cuanto, injustificadamente, no son introducidos en el cálculo desde un comienzo». Entre dichos costes destaca los siguientes:

-La congestión del tráfico en nuestras ciudades.

-La limitada soberanía del consumidor.

-Las pérdidas de tiempo y la ansiedad que genera en el consumidor la creciente producción de mercancías.

-El «cosmopolitismo uniforme».

-La destrucción de la variedad que provoca el progreso tecnológico.

-Los daños al medio ambiente.

En concreto, respecto a los costes medioambientales que conlleva el crecimiento económico, este autor resalta los siguientes:

«(…) la erosión del campo; el afeamiento de nuestras ciudades costeras; la polución de la atmósfera y de los ríos mediante los desperdicios químicos; la acumulación de petróleo en las aguas de nuestras costas; el envenenamiento de nuestras playas por las aguas residuales; la destrucción de la vida silvestre por el uso indiscriminado de los insecticidas; el cambio del sistema de cría de los animales en el campo, al sistema de granjas industriales; y, lo que resulta evidente para todo quien tenga ojos para ver, la irreflexiva destrucción de una rica herencia de bellezas naturales, una herencia que no podrá restaurarse en vida de nuestra generación».

Para Mishan, pues, las principales fuentes del bienestar social no han de buscarse en el crecimiento económico per se, sino en una forma más selectiva de desarrollo. A modo de ejemplo, expone las siguientes sentencias:

«Resulta perfectamente posible arreglar las cosas de forma que se produzcan muchos menos bienes superfluos y, en cambio, se pueda disfrutar de un mayor tiempo libre».

«Podemos reducir la publicidad en los periódicos y, a cambio, conservar nuestros bosques».

«Podemos decidir reducir la lucha por la competencia y optar por una vida más fácil y reposada».

«Devolver la tranquilidad y dignidad a nuestras ciudades y hacer posible que la gente pueda vagar sin verse molestada por el tráfico y pueda gozar de nuevo del encanto de los pueblos y ciudades históricos».

«(…) Preservar para la posteridad aquellos recursos naturales limitados que, en ausencia de una legislación prohibitiva o en ausencia de controles, seguirían siendo deteriorados y malgastados».

Para leer más:

E. J. Mishan (1969): Growth: the price we pay. (En español: E. J. Mishan: Los costes del desarrollo económico. Oikos-tau, Barcelona, 1989, 2ª edición).

Los compromisos medioambientales de la Nueva Agenda Urbana (Hábitat III)

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Ciudad de Quito, Ecuador

En octubre de 2016 se celebró en Quito (Ecuador) la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III). Tras las Conferencias de Vancouver en 1976 (Hábitat I) y Estambul en 1996 (Hábitat II), en Quito (2016) la comunidad internacional proyecta una Nueva Agenda Urbana de alcance mundial para los próximos años.  Con ella se pretende revitalizar el compromiso en favor de la vivienda y el desarrollo urbano sostenible.

En materia medioambiental, la Nueva Agenda Urbana establece como guía el siguiente principio:

«Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, promoviendo el uso de la energía no contaminante y el uso sostenible de la tierra y los recursos en el desarrollo urbano; protegiendo los ecosistemas y la diversidad biológica, entre otras cosas alentando la adopción de estilos de vida saludables en armonía con la naturaleza; alentando modalidades de consumo y producción sostenibles; fortaleciendo la resiliencia urbana; reduciendo los riesgos de desastre; y mitigando el cambio climático y poniendo en práctica medidas de adaptación a este».

Entre los compromisos medioambientales recogidos en la Nueva Agenda Urbana destacamos los siguientes:

  • Facilitar la ordenación sostenible de los recursos naturales en las ciudades y los asentamientos humanos.
  • Adoptar un enfoque sobre ciudades inteligentes en el que se aprovechen energías y tecnologías no contaminantes.
  • Incrementar la resiliencia de las ciudades frente al cambio climático y los desastres (inundaciones, sequías…).
  • Mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición, la salud física y mental y la calidad del aire en los hogares y el ambiente.
  • Reducir el ruido y promover ciudades y paisajes urbanos que sean atractivos y habitables.
  • Priorizar la conservación de especies endémicas.
  • Prestar especial atención a las zonas urbanas donde existen deltas fluviales, costas y otras áreas especialmente vulnerables desde el punto de vista ambiental.
  • Preservar y promover la función social y ecológica de las tierras, incluidas las zonas costeras que dan apoyo a las ciudades.
  • Fomentar soluciones que garanticen pautas de consumo y producción sostenibles.
  • Mantener unas densidades y una compacidad urbanas adecuadas para prevenir y contener el crecimiento incontrolado.
  • Promover el uso sostenible de la tierra y prevenir la pérdida de tierras productivas y ecosistemas frágiles e importantes.
  • Apoyar la prestación local de bienes y servicios básicos y aprovechar la proximidad de los recursos (energía, agua, alimentos y materiales).
  • Favorecer la gestión sostenible de los recursos (tierra, agua dulce, océanos, energía, materiales, bosques, alimentos).
  • Fomentar la reducción al mínimo de los residuos y contaminantes y luchar por lograr una transición hacia una economía circular.
  • Aplicar procesos de planificación urbana y territorial y prácticas de gestión y planificación integradas de los recursos hídricos, teniendo en cuenta la continuidad entre las zonas urbanas y las rurales.
  • Promover la conservación y la utilización sostenible del agua.
  • Favorecer la gestión racional de los desechos, mediante su reducción, reutilización y reciclaje, así como la reducción de la contaminación marina.
  • Alentar modos de construcción sostenibles, edificios eficaces desde el punto de vista energético y fuentes de energía renovables.
  • Fortalecer la resiliencia de las ciudades y los asentamientos humanos, mediante la adopción y aplicación de políticas y planes integrados, con un enfoque holístico.
  • Promover el desarrollo de infraestructuras resilientes y eficientes en el uso de los recursos.
  • Reducir los riesgos y los efectos de los desastres, mediante la rehabilitación y la mejora de los barrios marginales y asentamientos informales.
  • Promover la acción por el clima, incluida la adaptación al cambio climático y la mitigación de sus efectos.

La Nueva Agenda Urbana tendrá un seguimiento y examen periódicos. Para ello se realizará un informe cada cuatro años en el que se recoja un análisis cualitativo y cuantitativo de los progresos alcanzados así como de las dificultades encontradas durante su ejecución. Asimismo, dicho proceso de seguimiento y evaluación deberá tener vínculos efectivos con el de la Agenda 2030 para el Desarrollo sostenible, a fin de asegurar la coordinación y coherencia  en su aplicación.

Para leer más: Hábitat III

Una cita con el desarrollo sostenible en la obra literaria de José Luis Sampedro

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El escritor y economista José Luis Sampedro (1917-2013) se vale de su talento literario para plasmar por medio de los personajes de la novela «La senda del drago» su preocupación por el devenir del planeta y nuestra civilización occidental.

En el escenario de un restaurante del norte de la isla de Tenerife, Martín, el protagonista de la novela, se encuentra acompañado de Runa, Kolhass y Osuna. Mientras cenan, los cuatro amigos conversan de forma distendida sobre temas globales de actualidad.

«-En cuanto al tema ecológico -interviene Runa- ya son de dominio público desastres como el agotamiento de productos naturales, el grave superconsumo de energía fósil, la contaminación del aire y el agua sobre todo y otros problemas permanentes en la prensa pero no en la actuación política y ciudadana. Una de las amenazas más graves es la deforestación, porque el hombre ha destruido ya la mitad de los bosques del planeta y sigue destruyendo, con daños para el clima y para la vida. La especie humana es la única viviente que consume más energía de la que necesita para su subsistencia y reproducción. El sociobiólogo Edward Wilson afirma haberse estimado que para dar a todos los habitantes del mundo el mismo nivel de consumismo de los estadounidenses se necesitarían cuatro planetas más como la Tierra.

-De modo que el cacareado desarrollo sostenible es, en realidad, insostenible.

-¡Vaya un panorama! -exclamo rompiendo el silencio-. No es fácil elegir.»

Para leer más:

José Luis Sampedro (2006): La senda del drago.

La fiscalidad ambiental en la UE

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La fiscalidad ambiental constituye un instrumento de política pública cuya utilidad viene justificada por sus implicaciones positivas tanto sobre la calidad del medio ambiente como sobre la eficiencia de la economía.

Dicho instrumento fiscal conlleva la recaudación derivada de la aplicación de un conjunto de impuestos ambientales en un territorio determinado, país o región. A los impuestos ambientales se los suele definir como aquellos impuestos cuya base imponible consiste en una unidad física (o similar) de algún material que tiene un impacto negativo, comprobado y específico, sobre el medio ambiente (SEEA 2012, UN et.al., 2012).

La fiscalidad verde viene, por tanto, a gravar principalmente las siguientes categorías ambientales: emisiones al aire, sustancias que reducen la capa de ozono, efluentes al agua, fuentes difusas de polución al agua, gestión de residuos, ruido, productos energéticos (gasolinas, carbón, gas, fuels, electricidad…), transporte y recursos  naturales (agua, bosques…).

Son diversas las ventajas que puede ofrecer una adecuada aplicación de la fiscalidad verde. Entre otras, podemos señalar las siguientes: a) favorece la eficiencia energética y el uso de las energías limpias (al gravar las energías fósiles), b) contribuye a un mayor empleo del transporte sostenible, c) fomenta la producción y el consumo de productos más respetuosos con el medio ambiente, d) reduce los impactos de la contaminación y los residuos sobre los ecosistemas, e) desincentiva el consumo de recursos naturales no renovables y f) refuerza la lucha contra el cambio climático.

Estos impuestos permiten que se aplique el principio de «quien contamina, paga», al internalizarse las externalidades negativas, es decir, al incorporarse al precio de los bienes los costes medioambientales que supone su producción/consumo. Se conforman, por tanto, como un incentivo para que productores y consumidores modifiquen su comportamiento, de modo que sea más respetuoso con el medio ambiente.

Organismos como la OCDE y la Comisión Europea se han manifestado partidarios de este instrumento económico y medioambiental recomendando su implantación. Así, en el marco de la Unión Europea, el Sexto Programa comunitario de acción en materia de Medio Ambiente (2002) recomendaba el empleo de impuestos sobre los recursos y sobre productos y procesos intensivos en residuos, con el fin de mitigar el cambio climático y fomentar una producción y consumo sostenibles.

Igualmente, la Estrategia Europa 2020 de la Comisión Europea aboga por una mayor aplicación de la fiscalidad verde:

«Los Estados miembros deberían más bien intentar desplazar la presión fiscal desde el trabajo a los impuestos sobre la energía y medioambientales como parte de un movimiento hacia unos regímenes fiscales verdes«.

En las dos últimas décadas se ha producido una tendencia general de aumento en el número y tipos de impuestos que gravan diferentes categorías del medio ambiente y la energía. Pero ¿cómo se ha comportado su recaudación? ¿Cómo ha evolucionado en el conjunto de la UE y por países la participación de los ingresos de los tributos ambientales respecto a la evolución que han seguido la recaudación total y la actividad económica?

Según Eurostat, en la UE-28 se recaudó en 2014 un total de 343.726 millones de euros en concepto de impuestos ambientales. De este total la mayor parte (el 76%) fueron ingresos por impuestos sobre la energía. Les siguen, a distancia, los impuestos sobre el transporte (20%) y sobre la contaminación y los recursos (4%).

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En términos relativos, los impuestos ambientales suponen el 6,35% de la recaudación total de la UE-28 en 2014. Asimismo, la presión fiscal ambiental, esto es, la ratio de recaudación por impuestos ambientales sobre el Producto Interior Bruto (PIB), asciende al 2,46%.

Desde una aproximación temporal, se comprueba cómo, a pesar de haber aumentado el número de impuestos ambientales, la presión fiscal ambiental se ha reducido durante el periodo 2004-2014, disminuyendo desde el 2,56% hasta el 2,46% en el último año. Ello significa, por tanto, que en dicho periodo la recaudación por impuestos ambientales ha evolucionado a un menor ritmo que lo ha hecho la actividad económica. No obstante, hay que diferenciar dos etapas: una primera (2004-2008), previa a la crisis económica, en la que dicha ratio ha descendido desde el 2,56% al 2,29%, y una segunda en la que se ha incrementado gradualmente año a año, si bien hasta un 2,46% que sigue siendo inferior al valor registrado en 2004.

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Finalmente, en un análisis por países son destacables las diferencias que se detectan dentro de la UE-28. Dinamarca es el país con el mayor porcentaje de recaudación por impuestos ambientales sobre el PIB (4,08% en 2014). Le siguen en importancia Eslovenia (3,89%), Croacia (3,86%), Grecia (3,68%), Italia (3,59%) y Países Bajos (3,36%).

Por el contrario, el país con menor presión fiscal ambiental es Lituania (1,70%), seguido de Eslovaquia (1,79%), España (1,85%), Luxemburgo (1,99%) y Alemania (2,oo%).

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Durante el periodo 2004-2014 la presión fiscal ambiental ha disminuido en la mayoría de los Estados miembros (18 de 28), permaneciendo igual en cuatro y aumentando en seis. El mayor avance se ha registrado en Grecia (+1,6  p.p.) y el mayor retroceso en Lituania y Luxemburgo (-1,0 p.p., ambos).

Para más información: 

Eurostat

La Declaración de Estocolmo de 1972

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Toda revisión histórica de la idea de «desarrollo sostenible» ha de remontarse al menos al año 1972. En 2017 se cumplen 45 años de un acontecimiento histórico de carácter mundial.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, celebrada en Estocolmo en 1972, constituye posiblemente el primer gran paso a nivel internacional en el reconocimiento de la importancia del medio ambiente en el desarrollo. La Declaración de Estocolmo resultante de dicha Conferencia, aprobada el 16 de junio de ese año, contiene 26 principios y un Plan de acción con 109 recomendaciones, y pretende servir de guía a los pueblos del mundo para preservar y mejorar el medio humano.

La Declaración de Estocolmo proclama desde sus primeras líneas que «el hombre es a la vez obra y artífice del medio que lo rodea, el cual le da el sustento material y le brinda la oportunidad de desarrollarse intelectual, moral, social y espiritualmente». El bienestar del hombre descansa en dos aspectos del medio humano que son esenciales, el natural y el artificial.

Al mismo tiempo manifiesta que la evolución de la humanidad y de la ciencia y la tecnología han ido paralelas a una transformación «en una escala sin precedentes» del planeta Tierra. Por ambas razones la protección del medio ambiente es no sólo un «deseo urgente de los pueblos de todo el mundo» sino también «un deber de todos los gobiernos».

Entre los 26 principios de la Declaración de Estocolmo destacamos por su relación más directa con el medio ambiente y el desarrollo los siguientes:

Planificar los recursos naturales para las generaciones presentes y futuras:

«Los recursos naturales de la Tierra, incluidos el aire, el agua, la tierra, la flora y la fauna, y especialmente muestras representativas de los ecosistemas naturales, deben preservarse en beneficio de las generaciones presentes y futuras mediante una cuidadosa planificación u ordenación, según convenga» (Principio 2).

Sostenibilidad ambiental:

«Debe mantenerse y, siempre que sea posible, restaurarse o mejorarse la capacidad de la Tierra para producir recursos vitales renovables» (Principio 3).

Desarrollo económico y conservación:

«El hombre tiene la responsabilidad especial de preservar y administrar juiciosamente el patrimonio de la flora y fauna silvestres y su hábitat, que se encuentran actualmente en grave peligro por una combinación de factores adversos. En consecuencia, al planificar el desarrollo económico debe atribuirse importancia a la conservación de la naturaleza, incluidas la flora y la fauna silvestres» (Principio 4).

Preservar los recursos no renovables:

«Los recursos no renovables de la Tierra deben emplearse de forma que se evite el peligro de su futuro agotamiento y se asegure que toda la humanidad comparte los beneficios de tal empleo» (Principio 5).

Planificación integral del desarrollo:

«A fin de lograr una más racional ordenación de los recursos y mejorar así las condiciones ambientales, los Estados deberían adoptar un enfoque integrado y coordinado de la planificación de su desarrollo de modo que quede asegurada la compatibilidad del desarrollo con la necesidad de proteger y mejorar el medio humano en beneficio de su población» (Principio 13).

La planificación como instrumentos indispensables:

«La planificación racional constituye un instrumento indispensable para conciliar las diferencias que puedan surgir entre las exigencias del desarrollo y la necesidad de proteger y mejorar el medio» (Principio 14).

Asimismo, la Conferencia sobre el Medio Humano de 1972 permitió el nacimiento en ese mismo año del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que vendrá a ser la institución medioambiental de la ONU hasta nuestros días.

Para más información:

Programa de las Naciones Unidades para el Medio Ambiente